El pasado día 17 de octubre se celebró el Día Mundial Contra el Dolor, auspiciado por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP). Con motivo de esta convocatoria, la Sociedad Española del Dolor (SED) ha hecho públicas las carencias y disfunciones del sistema nacional de salud en relación al abordaje y tratamiento del dolor.
Se trata de una realidad patente en todo el mundo; al mismo tiempo, las cifras en nuestro país subrayan una alta prevalencia del dolor, donde más de 10 millones de personas sufren dolor crónico, cifra que equivale a un 22% de la población. Sin embargo, desde la SED alertamos de la poca importancia que las autoridades sanitarias prestan a esta realidad y la escasa formación específica.
Pese a la alta incidencia del dolor en España, la capacitación de los profesionales sanitarios en su diagnóstico, medición y abordaje no es suficiente. Muestra evidente de esta carencia es que el ámbito clínico del dolor no está reconocido como Área de Capacitación Específica. Se trata de una de las demandas históricas que venimos planteando desde la Sociedad Española del Dolor, ya que consideramos imprescindible la formación especializada en este campo, cuyos servicios son habitualmente asimilados por el equipo de anestesiología de los centros hospitalarios. Desde la SED, queremos advertir de que ninguna especialidad médica está preparada para tratar el dolor si no incorpora una formación específica en su abordaje.
Por tanto, reclamamos una mayor atención institucional y sanitaria a la realidad del dolor. El dolor crónico debe considerarse como una enfermedad en sí misma, que lleva asociadas numerosas implicaciones de distinta índole. En primer lugar, a nivel personal el dolor motiva el sufrimiento de quien lo padece, tanto desde el punto de vista físico como psicosocial; en segundo lugar, y en el caso concreto de las personas dependientes, implica la dedicación y el padecimiento emocional de cuidadores y familiares del paciente. Por otro lado, el dolor, especialmente el dolor crónico, es la causa más frecuente de incapacidad, constituyendo un importante problema de salud y socioeconómico por los gastos sanitarios y la pérdida laboral que produce; de hecho, los costes derivados del dolor en España representan un 2% del PIB nacional.
En el ámbito económico, son evidentes las cifras de la incidencia que el dolor agudo y crónico presenta en la dependencia. No en vano, este sector implica numerosos costes de naturaleza directa, como pueden ser los gastos derivados de materiales y técnicas analgésicas y rehabilitadoras aplicadas, el gasto farmacéutico asociado, las camas en residencias y centros hospitalarios especializados, etc. Sin embargo, la repercusión del abordaje y tratamiento del dolor en la dependencia desencadena, además, elevados costes que podríamos denominar “indirectos” y que son inevitables e, indudablemente, necesarios para la dependencia. Hablamos de los fondos públicos destinados a sufragar las pensiones de invalidez, las indemnizaciones y las bajas laborales que pueden llevar implícitas estos estados de dependencia, ya sean circunstanciales y/o crónicos.
Por todas estas evidencias, desde SAD continuaremos con nuestra llamada de atención sobre la realidad del dolor y sus implicaciones sanitarias, sociales, económicas, físicas y psíquicas de millones de personas y de sus familiares y cuidadores. Resulta imprescindible la concienciación pública en relación al tratamiento del dolor y su incidencia en la vida cotidiana de tantos pacientes. Si hablamos del plano de la dependencia, la necesidad de reestructurar los protocolos de actuación clínica y de instaurar ayudas y subvenciones complementarias resulta vital y perentoria.